Mi música y yo

Algo que no he difundido mucho es mi música. Sí, entre varias de mis aficiones , me gusta componerla. Hacía mucho que quería contar sobre ello y vamos a aprovechar el insomnio provocado por la estupidísima idea de tomar café a las ocho de la tarde para hacerlo.

Todo esto empezó una tarde de 2002. Me acuerdo que estaba durmiendo la siesta y había soñado con una melodía. No me la podía sacar de la cabeza y pensé que debía de alguna manera materializarla. Fue así que buscando en el primitivo internet de inicio del actual siglo encontré el software “Anvil Studio” que me permitió aprender un poquito de música y así componer mi primera obra “Horizonte”.

Con la Pentium II y la tecnología de la que disponía, realizaba algunas composiciones que acababan vaya uno a saber dónde. En formato MIDI sonaba bastante bien.

El gran salto llegaría en 2014, cuando adquirí mi primer sintetizador. Así pude retomar este entretenimiento y producir más música empleando nueva tecnología y nuevos softwares de producción musical que no voy a revelar😝 Esta es una de mis composiciones favoritas de aquella época. “UTRO”, que en ruso significa “La mañana”.

En 2018 realicé el experimento de publicar oficialmente mi música y la misma llego a ser publicada en Itunes (ahora conocido como Apple Music), en Google Music y en otras plataformas de distribución musical como la rusa Yandex Music. Curiosamente algunas personas han comprado por bajar mi album y ya he ganado 8 euros 😁

He aquí una pequeña muestra de lo último que he hecho dedicado al pasado mes de junio, que fue un mes muy activo lleno de emociones encontradas y extrañezas. El mismo estará disponible en las plataformas digitales más arriba mencionadas a partir del 20 de julio.

Espero que lo compres, aunque sea por curiosidad o por pena 😄

10 años en Rusia

Pasaron 10 años desde ese maravilloso 10 de abril de 2009. Toda una década de experiencias únicas e inolvidables que me transformaron. Creo que vale la pena escribir por vez única qué ha pasado a lo largo de estos años.

Vale la pena aclarar que desde que dejé la Argentina ese 9 de abril, nunca más volví a mi país de origen, aunque quisiera poder hacerlo pero el impedimento no es financiero, sino psicológico. Siento que han de pasar algunos años más para que sienta que ha llegado el momento de volver a pisar el suelo argentino donde nací. Algún día lo haré. Ah, también leo las noticias a veces y no me ayudan mucho :)))

Llegué un 10 de abril a Moscú. Me invitó Lina, mi actual esposa, a pasar un mes en su país. Así fue que poco a poco me fui enamorando de ella y me fui acostumbrando a las nuevas circunstancias y modos de ver la vida de los rusos. Me enamoré de ella de tal manera que se volvió todo para mí: mi sentido de la vida. Conocí a la mujer más fascinante que nunca había visto en toda mi vida. Mi amor creció con los años y mi devoción por ella se convirtió en una manera de comprender la vida, en toda una . Nuestros caminos se iban entrelazando con el paso del tiempo y formamos una familia con dos hijos. Ambos son bilingües y hablan español y ruso. Lina me enseñó el ruso y en base a esa experiencia decidió dedicarse a la enseñanza del su idioma profesionalmente. Ahora instruye a los extranjeros que trabajan o quieren vivir aquí.

Lina fue la razón principal de mi viaje a Rusia y la razón de estar aquí. Me había sido imposible imaginarme todo de otra manera. Gracias a ella yo estaba vivo y mis emociones negativas y pesimismos habían sido neutralizados por las ganas de amar y el deseo de vivir. El entusiasmo de enseñarles a los niños a hablar, a pensar, a transmitirles un concepto de la libertad único me apartó de la depresión que siempre estuvo presente durante mi vida anterior.

Quisiera escribir esto de una manera un poco más original. Paso a contar las cosas buenas que me han sucedido estos diez años. Y las cosas buenas han sido el 90% de todos los acontecimientos vividos en este país.

Me he rodeado de gente culta

He tenido la gran suerte de rodearme solo de gente buena, inteligente y culta. Rara vez me he tenido que topar con una mala persona. Gracias a ello es que obtuve nuevos conocimientos y una nueva forma de ver la vida. Así como también he adquirido la sed del saber, ya que el nivel cultural medio de los rusos es bastante alto, y por ello me he visto obligado a autoinstruirme y mejorar en todo para no quedarme atrás.

He conocido a fondo la cultura rusa

A diferencia de un obrero inmigrante, he podido acceder a la cultura del país eslavo de la mano de sus representantes directos. No he vivido dentro de una diáspora hispanohablante analizando la cultura rusa desde un punto de vista hispano o latino, sino más bien que me he ido transformando inmerso en la misma sociedad rusa. No es que me haya hecho ruso, porque nunca me lo planteé como objetivo, sino que he adquirido un 70 % de mentalidad del pueblo que me adoptó y me aceptó.

He podido leer algunas de las grandes obras de la literatura rusa en el idioma original. Entre ellas cito a “Guerra y Paz”. No me volví fanático de la literatura clásica pero estoy seguro de que los amantes de Tolstói me lo enviarían. Eso sí, no voy a leer a Dostoyevski.

Mi personalidad no es más que el humanismo argentino combinado con las ansias de saber de la mentalidad rusa. Estoy muy agradecido por ello.

Me hice argentino

Cuando vivía en Argentina, negaba el origen nacional. Estaba por la abolición de las fronteras nacionales y las diferencias artíficiales que nos imponen desde arriba. Por eso ante cualquier comentario xenófobo antichileno, antiboliviano o antilimítrofe en general que se manifestaba con frecuencia entre mis interlocutores compatriotas, yo reaccionaba predicando un mundo sin nacionalidades ni razas ni religiones.

Quise aplicar la misma actitud en Rusia. Pero aquí la cuestión nacional es fortísima. Para mí, todos los habitantes eran rusos por el hecho de nacer en Rusia. Para los rusos étnicos no es así. Ellos más bien definen a las personas por su origen nacional. Así, ante ellos yo era un argentino. Por suerte, esa etiqueta que me colocaron solamente habla de las cosas buenas de la Argentina. Gracias a ello empecé con el paso de los años a profundizar lo bueno que tiene mi país de origen y a convertirme en representante de la Argentina lo quisiera o no.

Créame, señor lector, que he hablado muy bien del país durante estos 10 años. He sido un digno representante y difusor de las cosas buenas que he aprendido especialmente en la universidad. Esa pertenencia cultural forzada fue el nexo que me permitió educar y ser educado en el contexto de inmigrante simpático. Hasta yo a veces me creo el chamuyo de que vengo del país de Las Maravillas jaja.

He sido testigo de varios cambios

Varios acontecimientos cambiaron la vida social. Cuando llegué Rusia era un país mucho más rico que ahora y la gente era mucho más abierta. Algunos ingenuamente creían que algún día serían parte de la Unión Europea.

En 2009 la crisis económica mundial que había comenzado en 2007-2008 no había golpeado tanto a Rusia, pero sin embargo varios empezaban a usar la palabra “crisis” para justificar ajustes y demás picardías. Sin embargo, la economía se fue contrayendo y eso generó crisis y descontento. Mientras en el mundo masas y masas de seres humanos salían a las calles a hacer quilombo como en los países árabes, en España y hasta en EE.UU., en 2012 se vivió en las grandes ciudades de Rusia algo que no se había visto casi nunca. Movilizaciones masivas de personas contra el sistema electoral. La clase media salía a las calles durante cuatro meses con temperaturas bajo cero a manifestarse contra Putin, que había ganado las elecciones en 2012.

En 2012 la sociedad rusa cambia abruptamente. Un grupo punk graba un vídeo en la Catedral de Cristo Salvador cantando desde el altar y aparecen represalias. Se empiezan a sancionar leyes de protección de los “sentimientos de los creyentes”. Parece absurdo pero es verdad. El estado empieza a castigar a todos los que manifiesten de alguna manera su odio o descontento hacia las religiones en general. Ese es el punto de inflexión que provoca el cambio de la sociedad rusa, que se vuelve cada vez más conservadora y desde el estado comienzan a reorganizar la idea nacional que incluye el fortalecimiento de la iglesia ortodoxa y otras instituciones.

2014 fue otro momento importantísimo. La guerra civil de Ucrania golpeó a Rusia. Durante años no se hablaba más que del país limítrofe y los horrores que le afectan. Los fanatismos de ambos tipos abundaban y varios rusos se dividen entre los que apoyaban a Ucrania y los que apoyaban a las fuerzas prorrusas. Comienza un circo mediático y una manipulación política a nivel mundial que realmente me rompió las p******. Como diría en ruso, эта тема меня за*б***.

En 2015 la fuerza aérea turca derribó un caza ruso. Otra vez se sentía el olor a guerra fría que no terminó en nada. Los turcos cedieron, pidieron perdón porque Rusia a modo de castigo había prohibido la importación de naranjas turcas.

El mundial

Los años venideros no fueron tan significativisos pero hubo un cambio importantísimo. El mundial de 2018 acercó POR PRIMERA VEZ EN LA HISTORIA a los rusos con el exterior. Miles de extranjeros llegaron al país para alentar a sus selecciones. Básicamente de Latinoamérica, ya que los europeos tenían mucho miedo de venir.

La victoria de Rusia ante España en octavos de final hizo salir a los rusos a celebrar. Salieron a festejar como nunca lo habían hecho en toda su vida. La calle unió a las masas por una causa alegre. No salían a conmemorar la victoria sobre los alemanes ni contra algún que otro gobierno. Por fin salieron para sentir la euforia de la victoria con algo tan absurdo como es el fútbol, pero salieron en fin, se abrazaron, festejaron y se dieron cuenta de que era posible manifestar la alegría y compartirla con otros.

En cuanto a mí, fue un momento muy extraño. Puedo decir que me reconcilie un poco con la Argentina porque conocí a muchos argentinos buenos entre los hinchas. Pero así como vinieron de golpe, desaparecieron luego de la desastrosa actuación de la selección nacional.

———————————–

Rusia es mi nuevo país. Lina me trajo a este mundo y me dio 10 años más de vida. Gracias a ella vi el mundo a través de otros ojos. Por ello estoy agradecido.

Podría decir que Rusia me dio una vida de entusiasmo, interés, alegría y ,lo más importante, felicidad. Todas las personas que me conocieron en este bello país fueron participes directos o indirectos de mi alegría e interés. A ellos les dedico mi alegria y satisfacción por lo vivido. Espero poder decir lo mismo dentro de diez años.

Por último, si tuviera que contestar a la pregunta “¿Qué es Rusia para mí?, Yo diría “Es mi vida”.

El cruce del Atlántico

Cada ser humano conoce sus debilidades. A veces las niega, a veces las acepta. Hay pocas personas en este mundo que estén dispuestas a cambiar todo de golpe y adentrarse en algo nuevo y completamente desconocido. Así lo sentí yo cuando el avión despegaba. Ya no había marcha atrás. No podía saltar del avión y volver al suelo argentino. Listo, lo único que quedaba era seguir adelante.

Mientras el avión despegaba, sentía que perdía el aire. No podía respirar y el corazón me latía a mil por hora. Se notaba que era mi primera vez en un avión de pasajeros. Había volado antes a los diez años pero en una avioneta. Mi compañero de viaje, un italiano me miraba riéndose y en un castellano perfecto me preguntaba si tenía miedo. Contesté que sí.

Claro está que de esa manera inicié la conversación con él. Ya ni me acuerdo de su nombre, pero era un tipo muy gracioso. Inevitablemente nos preguntamos mutuamente sobre el destino final de nuestro viaje. El italiano (vamos a llamarlo Pietro para no andar diciendo “el italiano ni el tano) se iba de vacaciones a su país. Resultaba ser que tenía un bar, atención, en Tucumán. Parece que le iba bien. Y en unos asientos cercanos había dos italianos, una pareja. Pietro hablaba con ellos en italiano y yo me moría de envidia. ¿Cómo hace este cabrón para hablar tan bien el español? En ese momento sabía inglés básico, estaba aprendiendo ruso y nada más. No hablaba fluidamente nada.

Mi história de amor

Me llegó la hora de contar mi historia. Un día de agosto de 2008 una chica me escribió en un sitio de intercambio de idiomas porque quería charlar conmigo. Como yo había indicado que estudiaba ruso, ella me escribió. Obviamente habíamos empezado a comunicarnos en inglés. Era una rusa de nombre Lina. Charlamos un rato largo (lo hacíamos antes de que yo me fuera a trabajar y ella antes de irse a dormir por la diferencia horaria). Pasaron los meses y nos dimos cuenta de que algo pasaba entre nosotros. Así fuimos de a poquito haciéndonos regalos por correo tradicional. Me llegaron matrioshkas, chocolates y varios que otros regalos. Yo también mandaba algunos dulces argentinos pero un día tuve la estúpida idea de mandar chocolate en rama. Algo que se derrite con facilidad y no llega en buen estado hasta la otra punta del mundo.

– ¡Qué historia interesante! Y vos sos un loco de mierda, si piensas irte hasta Rusia por una chica. ¿Qué, no te gustan las argentinas?
– No es eso. Es que nunca me enamoré de nadie como estoy enamorado de Lina. Y es la suma de muchas cosas. Pero ella no me daba paz. Pienso en Lina cada minuto de mi vida.

La espera

Y pasaron las horas y nos cansamos de hablar. El avión Buenos Aires – Madrid tardaba unas once horas. Ya había alcanzado a ver el Atlántico, algunas islas y las estrellas porque oscureció. Pietro se tomó un licor para dormirse y no tener que aguantarse las horas despierto. Yo no podía. Mientras el dormía, me tuve que aguantar el vuelo. Fue aburridísimo. No había más que hacer que esperar.

En un momento Pietro se despierta, mira por la ventana y dice: “eso es Marruecos. En una hora ya estamos en Madrid.” No fue así. Pasaron 5 horas y aterrizamos.

Llegamos al aeropuerto de Barajas. La mitad del avión estaba lleno de porteños que se iban a hacer combinación con el vuelo Madrid – Tel Aviv. A mí me sacaron el desodorante AXE que tenía en la mochila. Era un pasajero inexperto. No sabía que no se podía cargar eso en un avión en el equipaje de mano.

Debía esperar 5 horas más hasta el vuelo Madrid – Moscú. En el avión no había dormido y no quería quedarme dormido en el aeropuerto. No vaya a ser que pierda el vuelo a Moscú. Aguanté como pude y finalmente embarqué. Mi corazón empezó a latir como loco. El avión despegó, pero esta vez estaba tranquilo.

Mis últimos días en Argentina

Hace 10 años que estaba a punto de embarcarme en un viaje solo de ida. La primera semana de abril estaba en Buenos Aires. Tenía que aguantar ahí hasta el 9 de abril, día en que partía el avión que me llevaría hasta Madrid, dónde debería tomar otro más para finalmente llegar a Moscú.

Ya contaré cómo fue la odisea de cruzar el Atlántico durante 11 horas a bordo de un avión de Iberia. Lo que ahora vale la pena es describi cómo estuve en Buenos Aires y qué hice ahí durante dos semanas.

Una necesidad de vida o muerte

En 2009 estaba en el peor momento de mi existencia Sin perspectiva de vida. Sin planes ni sueños, ni ilusiones ni nada… al menos en lo que respecta a la Argentina.

Y para que nadie me acuse de distorsionar mi biografia y contar las cosas bonitas solamente, paso a decir la verdad. En enero de 2009 traté de suicidarme. Fue un intento muy débil, pero peligroso. Ese fue el acontecimiento más lamentable de mi vida. Había decidido hacerlo el 27 de enero, el día de mi cumpleaños. Quería abandonar este mundo de la misma manera que lo hizo una amiga. Ella perdió la vida en un accidente culpa de su novio exactamente el mismo día de su cumpleaños, el 23 de enero de 2008. Ella, a diferencia de mí, amaba la vida y era feliz.

Mi intento de acabar con mi vida por suerte fracasó. Pasaron dos días y me llegó la mejor noticia que podría haber recibido: El 29 de enero mi pasaporte estaba listo. Me esperaba en la oficina de la Policía Federal. Se me abrían las puertas a algo grande. Iba a poder realizar mi primer viaje en un avión de pasajeros. Inmediatamente la depresión quedaba atrás. Lo único que deseaba era el cambio que podría salvarme de tantas decepciones y poder viajar y conocer el mundo.

Alguien que murió de verdad

El 31 de marzo llegué a Buenos Aires. Ese mismo día fui al consulado de Rusia. Algo que me llamó la atención era ver autos negros por todas partes cerca del consulado. Pensé que era como en las películas en la que los rusos son malos y tienen agentes de inteligencia por doquier. Pero no, se trataba de otra cosa: había muerto Alfonsín. Me había topado con los custodios del cortejo fúnebre.

Burocracia exprés

Finalmente llegué al consulado ruso. La primera impresión que tuve en ese momento eran las caras de orto de los funcionarios del consulado. Ya estoy acostumbrado a que los funcionarios públicos en Rusia tienen la misma cara, no tienen la culpa. En la oficina de migraciones esa cara es mil veces peor. Pero bueno, no me quiero distraer con estos detalles innecesarios. Entré al consulado y pensaba, “qué seria que es esta gente”.

Me atiende el cónsul detrás de una ventanilla con los vidrios blindados. Me pregunta que cuál era mi objetivo del viaje. Yo recordaba que no tenía que decir “trabajo” porque esa visa no me daba la posibilidad de trabajar. Así que dije visitar a una amiga. (De ella contaré en otro post).

Al final me entregó la visa rapidísimo. Me perdí, creí que había que hacer algo más. Y por eso me miraban como diciendo “¿qué le pasa a ese pelotudo?” En ruso sería “Чего он тупит?”..

Salí bastante desconcertado. No podía creer que eso era todo el trámite. Empezó a llover y volví. Pero descubrí que yo tenía la fecha de entrada para el 10 de abril. Yo había comprado el pasaje para el 8 de abril y llegaría a Rusia el 9. Eso sería un gran problema, ya que llegar antes de la fecha del visado me convertiría en infractor y seguramente me impedirían la entrada.

Así que durante una semana tuve que hacer malabares y cambiar el pasaje para el día 9. Mientras hacía todo eso, caminando por la avenida 9 de julio viendo la bandera enorme que flamea cerca del obelisco yo pensaba “espero no verte nunca más, país que me vio nacer” (eso de “que me vio nacer” es un eufemismo, en realidad pensaba otra cosa. Los argentinos me perdonarán porque comprenderán que en aquel momento estaba muy ofendido. Ahora no lo creo así).

En las oficinas de Iberia cambié el pasaje, lo cual me costó 200 dólares más.

La noche del 8 me comí la última pizza argentina. Sí, las pizzas porteñas están buenas. A todo esto lo único que quería y pensaba esa noche era llegar a Ezeiza el 9 por la mañana.

El aeropuerto del adiós

El 9 de abril, cuando pasé el control de seguridad, casi me dejé el celular. Al pasar el control de pasaporte, me lo sellaron y ya no lo podía creer. 24 años de sufrimiento, decepciones, dolor, humillación y sueños destruidos quedaban detrás de las inmensas ventanas del aeropuerto.

Quedaba solo comprar un recuerdo argentino para mi amada. Los alfajores Habana. Me acuerdo que me costaron 25 dólares.

Subí al avión. No lo podía creer. Cuando despegó, empezaba a nacer y a vivir de verdad.

Miedo

15452328450045606351709005657308.jpgHe escrito muchos posts para mi blog, pero no han sido publicados porque me autocensuro. Me da miedo ofender a alguien y me preocupan las consecuencias que pueda acarrear su publicación 😦

Preparé un post sobre el día internacional de los inmigrantes, y uno más sobre el ateísmo y la religión. Por miedo decidí no publicarlos.

En fin, es horrible que me pase eso 😦 😦 😦 E

Rusia y su pasado: La Unión Soviética

Mucha gente que durante su juventud vivió la experiencia de la URSS difunde a los cuatro vientos la idea de que en su época todo era color de rosas . ¿Quiénes son esos que glorifican el pasado soviético y por qué lo hacen?

Por lo general se trata de los jubilados que nunca se pudieron adaptar a la transición de la URSS al capitalismo, ya que de un día para el otro perdieron todas las garantías sociales a las que estaban acostumbrados. En la Unión Soviética – dicen ellos – tenían asegurado el día de mañana. Estaban seguros de que el hambre era una pesadilla exclusiva de los países capitalistas, un mal social que nunca conocerían. Sin embargo, llegaron los 90 y se encontraron con la cruda realidad de que bajo tal sistema algunos vivos sacan ventaja de los demas y la economía de mercado devora todo lo que encuentra a su paso. Economía para la que no todos estaban listos.

Muchos de estos viejitos se vieron incapaces de afrontar la nueva realidad económica. Algunos perdieron la razón y se volvieron locos. Otros se adaptaron a las nuevas reglas de juego y sobrevivieron como pudieron.

Los que sí que no la pasaron mal eran esos que estaban atornillados al poder soviético, ya que no hicieron más que reciclarse en funcionarios capitalistas. De hecho muchos de ellos se volvieron en su momento los “nuevos rusos” y pasaron a ser los “oligarcas”, es decir los millonarios herederos del poder.

Pero la transición al capitalismo con perspectivas prometedoras no era para todos. Por eso es que muchos funcionarios soviéticos fueron dejados de lado y perdieron sus privilegios. Son justamente ellos los que hoy en día intentan transmitirle a la juventud que el “Poder Soviético” era socialmente justo y casi perfecto. Algunos llegan a exagerar y decir que el poderío militar y la tecnología soviética era capaz de alcanzar un desarrollo incluso superior al de ahora bajo la Rusia actual.

Esos que quedaron fuera de la repartición de la riqueza que había dejado la URSS se ven hoy obligados a soñar con aquellos tiempos en los que eran reconocidos. Hoy sus vidas no tienen perspectiva y la mejor salida a tal lamentable situación es referirse al pasado y soñar con volver a verlo.

Y realmente me llena de pena el hecho que una persona viva del pasado. alguien con añoranza de lo que fue y de lo que habría podido ser no puede avanzar. Es un sujeto sin presente ni futuro. Es como que su vida se hubiera quedado estancada desde que Gorbachov implementó su Perestroika.

El solo hecho de mencionar que antes todo era mejor no tiene ninguna concordancia con la realidad. Es imposible determinar que la caída de la URSS haya sido un acontecimiento positivo, negativo, catastrófico o inevitable. Fue simplemente un acontecimiento. Ocurrió como pudo no haber ocurrido. Así es la historia de la humanidad cuya dirección no tiene rumbo fijo , sino que está subordinada a lo espontáneo y a leyes del desarrollo de eventos impredecibles. Vaya uno a saber que habría pasado si el estado soviético no se hubiese disuelto. Quizas Rusia sería una China más o algo así. Pero estoy seguro que de haberse mantenido en pie, yo no estaría reflexionando dicha cuestión bajo tierra en el metro de Moscú.

La hermandad sumisa

Muchas veces algunos hombres se han dirigido hacia mí para preguntarme algo. Habrá sido una dirección, o me habrán pedido dinero y algo más que no me acuerdo. En muchos casos han llamado mi atención al grito de “hermano”, lo cual realmente me envenena el alma. Ahora voy a explicar por qué.

Primero hay que aclarar que soy ateo, es decir que no profeso religión alguna y no creo en ningún dios. ¿Qué tendrá que ver todo esto?, seguramente se preguntará el lector. La cosa es fácil, ya que la idea de hermano encierra la sumisión a un padre, es decir a un creador. Así es que bajo la premisa de ser todos hijos de un solo progenitor celestial, nos deberíamos “hermanar”, mejor dicho igualar. Seríamos todos iguales en lo que respecta a obediencia y subordinación a dios. Es la influencia directa de las tres principales religiones que priman en la cosmovisión de las masas.

Claramente no es difícil darse cuenta de que la sumisión hacia una entidad amorfa no tiene otra finalidad que expresar esa obediencia hacia los amos del mundo terrenal. La idea de hermandad va acompañada de resignación con la realidad miserable que la gente común se acostumbra a vivir día a día. La hermandad nos iguala como esclavos, no como seres humanos.

Y yo últimamente he reaccionado relativamente mal al trato de aquellos que me dicen “hermano”. Recientemente tuvo lugar el siguiente diálogo:

– hermano, ¿tenés 10 rublos para el vodka?
– Yo no soy tu hermano. – indignado le contesté.

Por supuesto que el sujeto no entendió a que se debía mi reacción. Lógicamente, el lector comprenderá que para explicar la idea arriba desarrollada se necesita mucho tiempo. Y uno no tiene por qué andar perdiendo el tiempo con un borrachín.

Y sí, rechazo la idea de hermandad. No tiene nada que ver conmigo. No tengo un creador común que me acerque a los demás. Pero hay algo que me unifica con los otros: la idea de humanidad. Estaría buenísimo que en el futuro cada habitante de la Tierra se dirija hacia los demás, independientemente del sexo del interlocutor, como “humano”. En tal caso mi reacción será de agrado, ya que compartiría con los demás valores como la libertad, la pertenencia a algo grandioso, a un futuro de abundancia y prosperidad para todos los habitantes de nuestro planeta. Pero bueno ¡cuántas cosas han de pasar para que lleguemos a tal punto de desarrollo de nuestra civilización!

Haciendo los deberes de la escuela

He aquí un dibujito que le hice a mi hijo en el manual de una materia que se llama “El mundo que nos rodea” (окружающий мир). Había que dibujar algo relacionado con alguna tradiciòn rusa. Elegimos “maslenitsa“.

Se lo dibujé yo porque el pobrecito llevaba 4 horas haciendo su tarea. A a Altuea ya se quería meter a la cama y dormir como un tronco.

Acá a los niños desde bien temprano les obligan a estudiar bien, cómo se debe. Puede parecer exagerado, pero estoy seguro que la cantidad de tareas y contenidos que les dan realmente ayudan a estudiar mejor y a pensar.

Me acuerdo que cuando iba a la escuela en Argentina, estudiábamos solo 4 horas y apenas nos daban tarea.

Perché è così difficile trovare amici?

Ho 33 anni. Sì, come molti potrebbero dire, gli anni di Cristo. Sto vivendo una situazione abbastanza singolare: molta gente che entra nella mia vita, sparisce subito senza nessuna spiegazione. Parlo di persone che pensavo essere mie amiche, ma che da un giorno all’altro son sparite e non hanno più voglia di avere alcuna relazione con me.

A volte ho pensato che forse non sapevo come rendere la nostra amicizia più ricca e interessante. A volte credo che semplicemente non sono un buon amico. Può essere che una forza misteriosa stia manipolando la realtà e non lasci ai miei conoscenti e amici la possibilità né di capirmi né di desiderare di diventare una parte della mia vita…

Sebbene la risposta potrebbe essere un’ altra: nessuno ha tempo e tutti stanno facendo soldi e si occupano dei loro affari. Non c’è tempo per l’amicizia o per le emozioni positive. Sono curioso di sapere cosa accadrà quando avrò 40 anni. Spero che allora esisterà ancora l’amicizia sul nostro pianeta.